Cheer: el dolor detrás del show

En nuestro país tenemos multitud de eventos deportivos y grandes deportistas de élite, pero no estamos acostumbrados a ver algo en torno a lo que existe una gran industria en los Estados Unidos: el cheerleading tal y como lo muestra Cheer.

¿Qué os viene a la cabeza si leéis la palabra animadoras? Supongo que lo mismo que a mí: pompones. Esas chicas que salen en los intermedios del fútbol americano o del baloncesto jaleando a sus equipos. Pero en la actualidad son mucho más que eso, y lo podéis comprobar en esta docuserie de Netflix, Cheer.

La historia gira en torno a un equipo de alto rendimiento de cheerleading, formado tanto por chicos como por chicas, y con una líder altamente exigente a la cabeza: Mónica. A Mónica se la conoce en el entorno como “La reina”, ya que es la entrenadora que más veces ha ganado el campeonato nacional más importante: Daytona (Florida).

Todos los miembros del equipo viven internos en una residencia, cuentan con tutor (tienen que mantener las notas para mantenerse en el equipo), coreógrafo, fisioterapeutas… Y dedican muchas, muchísimas horas a sus rutinas, que son los bailes y ejercicios que llevan a cabo, y que tienen que estar impolutos antes de que llegue el campeonato nacional.

Es espectacular verlos en acción, chicos haciendo piruetas y chicas volando por los aires con una coordinación milimétrica. Todos con uniformes relucientes haciendo saltos imposibles con una sonrisa en sus caras. Pero lo que no vemos es todo lo que hay detrás. Fuerzan su cuerpo a tal nivel que pueden acabar sus entrenamientos teniéndose que meter en bañeras de hielo, o encerrándose en su cuarto completamente a oscuras por una posible conmoción cerebral provocada por caerse desde lo alto de la pirámide humana. Músculos desgarrados, luxaciones y visitas a urgencias. Pero ahí siguen, porque si se cae alguien, todo el equipo tiene que hacer 100 flexiones, y si te caes tú, te van a reemplazar por otro que está deseando salir al tapete.

La pertenecia y el sufrimiento

Pero a pesar de todo este dolor, de la presión, de sus duros entrenamientos y de una jefa extremadamente rígida, a todos les une algo más que el sentimiento de pertenencia a un equipo: todos han sufrido alguna carencia o problemas en su infancia, desde pérdida de progenitores, hasta abusos, pasando por violencia callejera. Mónica los acogió como una madre en su equipo bajo un compromiso de responsabilidad, y la mayoría de ellos afirman que el cheerleading les ha salvado de sus más oscuras pesadillas.

Tanto es así, que, al ser un equipo pre-universitario, cuando la temporada va llegando a su fin, muchos eligen llevar a cabo algún otro curso antes de entrar en la universidad. Algunos por miedo, otros porque se sienten un poco perdidos, pero todos coinciden en una misma razón: han encontrado una familia que les rodeó con los brazos abiertos cuando no tenían otro sitio donde ir. Y todo merece la pena por volver a ser un año más los campeones, los mejores cheerleaders de todo el país.

Eli Morgado

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