Baby Driver. Mejores Películas Acción Netflix

Una de las banderas que exhibe el cine con orgullo es la capacidad de entretener. El séptimo arte siempre ha servido como exponente del arte y ha reivindicado su capacidad para plasmar y desarrollar distintas corrientes artísticas. No obstante, el componente lúdico y deleitable de una película siempre irá ligado al cine.


Un filme tiene que ser entretenido, si no, está es condenado a la irrelevancia por parte de su público. El cine palomitero siempre ha exhibido con orgullo la capacidad que tiene para divertir y hacer un pasar un buen rato a sus espectadoras. Nada de esto es mentira, pero el principal problema que tienen este tipo de películas son las formas.


El cine de masas falla en su ejecución cinematográfica: guiones repetitivos y cargados de clichés, estandarización de las técnicas audiovisuales, falta de sentimiento narrativo... Todo ello muestra un gran déficit en torno a este tipo de cine. ¿Pero qué pasa con las películas que repescan las historias del cine de masas y deciden elevar su calidad cinematográfica? Hoy hablaremos de Baby Driver.



Los atracos de toda la vida


Baby Driver narra la historia de un "grupo" de atracadores de bancos. No se anda con disimulos y declara su intención desde el primer momento; esto va a ir sobre atracos, coches rápidos, persecuciones aún más rápidas, violencia y un estilo muy característico. La trama nos presenta a un joven que se encuentra atrapado en una delicada situación personal.


A caballo entre lo ilegal y un sentimiento ético inquebrantable, Baby deberá de lidiar con lo peorcito del mundo criminal para poder salir a flote. En esta vorágine de caos y violencia, surgirá la figura de Deborah, una camarera que comparte los mismo sueños que el protagonista. Comienza aquí un viaje estático en el que presenciaremos la destrucción y la reconstrucción del héroe clásico.



Sobredosis de cine


Desde el principio, Baby Driver deja clara sus intenciones. Vamos a ver una película de acción, pero no una cualquiera, una verdadera película de acción. Edgar Wright demuestra su buena mano en la dirección acompañado por la visualmente atractiva fotografía de Bill Pope.


Todo se inicia con un plano secuencia que establece la seña de identidad del largometraje. Al mando del film hay alguien que sabe hacer su trabajo. Los planos de las persecuciones son acertados y contundentes, rápidos y frenéticos. Brindan al espectador información visual nueva de manera constante, para que este no pueda dejar de mirar. El bombardeo es incesante y consigue que no te puedas despegar del sofá. El montaje es fascinante y casi llega a equipararse con Mad Max: Fury Road.


A lo largo de toda la película, la paleta cromática es fundamental para reforzar ese estilo rebelde y frenético de Baby Driver. Vemos una gran cantidad de colores chillones: rojo, rosa, azul, amarillo. Ya sea en las carrocerías de los coches, como en la ropa de los personajes o en elementos del escenario; estos colores envuelven y entonan a la trama. Todo está saturado e iluminado.


No debemos olvidar mencionar la increíble y variada banda sonora. Los diferentes y numerosos tracks musicales que suenan a lo largo de toda la cinta delatan el buen gusto por el arte. Baby Driver se aleja del rap/trap habitual en este tipo de películas y se centra en los grandes temas de las décadas de los 70-80.


El pop/rock se entremezcla con los derrapes y disparos creando una atmósfera que desencaja al espectador y a la vez le entusiasma. Los temas transcurren sin pausa durante todo el metraje y esto puede llegar a pasar factura en algunos momentos, pero en la tónica general, deja un grandioso resultado.



Personajes de buenos clichés


Los protagonistas de Baby Driver recorren todo el abanico de clichés y topicazos propios de los blockbusters cutres. Y esto es... genial. El film recoge esas ideas tan trilladas y las moldea a su antojo en la gran mayoría de casos. Tenemos al héroe con una moralidad que se encumbra por encima de cualquier circunstancia, al malo mafioso que pone en apuros al protagonista, la chica vulnerable ajena al peligro, el loco carismático, el antagonista psicópata, la chica sexy, etc.


Todos ellos cumplen su papel, pero desde fuera se puede apreciar que son parodias de lo que representan. En muchos momentos se puede ver que el guión les lleva a actuaciones tan absurdas que se transforman en situaciones cómicas. Parte de este éxito radica en las geniales interpretaciones de un reparto tremendamente carismático. Kevin Spacey, Jamie Foxx, Eiza González... todos consiguen clavar a sus personajes.


Es cierto, que la romanticona historia entre Baby y Deborah está demasiado trillada y no consigue ese efecto parodia. Se enquista y posiciona como un valor seguro que no llega a innovar. Algo demasiado visto que contrasta con todo el resto de la película. Pese a esto, no se consigue empañar el gran resultado que consigue, en su conjunto, Baby Driver.

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